Kilómetro 0
27/04/2007
No sé si les sonará a muchos este título, es el mismo que puse en mi primer blog. Hoy cierro el ciclo. Hoy como hace tres meses acabo y empiezo de nuevo.
Parece que fue ayer cuando estaba hecha un manojo de nervios porque empezaba, cuando se me hacía un mundo comenzar con algo desconocido. Hoy miro hacia atrás, apenas parece un segundo, lo que tardo en pestañear, y ya se acabó. Fin del tiempo reglamentario. Fin del camino.
En fin, el tiempo pasa demasiado rápido. Y este blog también. Corto, escueto y conciso.
Penúltimo día
26/04/2007
Siempre calculo y espero donde se van a abrir las puertas del metro. Cuando llega entro y me coloco –si nadie me lo quita antes- en ‘mi esquina’ a hojear el periódico. “mmm… ¿a qué huele?”, me pregunto. Es un olor rico, es como a… y veo a una joven sentada en un asiento leyendo un periódico y comiéndose una manzana. Eso es, olor a manzana.
Entra la marabunta de gente que se va al trabajo apurada o que se marcha a casa a almorzar. Da igual: ida o vuelta, hoy será la penúltima vez que haga este recorrido.
Como todas las mañanas veo a una madre musulmana, es muy joven pero ya tiene tres hijos. La niña siempre me observa intrigada y muy seria, tiene una sonrisa triste; el más pequeño es muy gracioso, aunque un poco malcriado. Lleva unas gafas de sol de ‘bakala’ que le quedan enormes. Y de pie en el asiento, se ríe, observa a todo el vagón, y reta a la madre constantemente.
Inconscientemente sonrío. Mi cabeza está pensando en la noche anterior, en las chorradas que dijimos durante la cena. Estuvimos toda la noche a carcajada limpia, y es que reírse es bueno, y pasar un rato con amigos también.
De vuelta veré a mi lado a un tío enorme y flaco, un jugador de baloncesto, seguro. De pie, en medio del vagón un negro bajito y cachas, con una gorra roja. Cerca de él una pija redomada con pote y una boca de caballo. Entre el negro y yo, un chico con síndrome de down que me vigila desde detrás de sus gafas.
Sigo leyendo sobre las elecciones francesas, cuando vuelvo a mirar al vagón, ya ha cambiado de personajes. Entra una pareja y se sientan, “¿sabes cual es el programa de ‘Cambio Radical’?”, le pregunta ella, “pues estuve a punto de llamar”. ¡Por dios! la gente está fatal…
Se parará el tren y entrará una niña de piel de chocolate, lleva todo el pelo con trenzas, y algunas le caen por la cara. Ya la he visto varias veces, tiene rasgos de mulata y es muy guapa. Sube y se queda mirando al infinito a través del cristal de la puerta. Reflejada al lado de ella estoy yo, una deslenguada que mira descaradamente a la gente observando que hacen.
Hoy es el penúltimo día que haré este recorrido. Tres meses yendo en el mismo vagón, y mañana fin de trayecto. Estación: “Punto final”. Qué rápido se acostumbra uno. Lo echaré de menos.
...una amapola me lo dijo ayer...
25/04/2007
“Te doy mi vida porque te llevo por dentro… te doy mi aliento… te doy mi vida”
La música resuena en sus tímpanos mientras pasan los minutos y sigue sentada en el banco esperando a que llegue el tren. En frente, un cartel enorme de publicidad anuncia una edición conmemorativa de “Cien años de soledad”. Eso mismo es lo que siente, parece que lleva cien años sin verle…
“Y una amapola me lo dijo ayer, que te voy a ver, que te voy a ver…”, le canta Juan Luis Guerra ahora al oído. Parece que lo sabe. Ella ya está echando la cuenta atrás, y es que lleva meses esperando el momento en que llegue el día en que pueda coger el avión y pisar su tierra otra vez y pueda mirarle a los ojos y tocarle y comérselo a besos después de tanto tiempo.
“Y es que la vida es dura…”
Ella vive por él, sólo piensa que el sufrimiento y el vacío que siente tiene sentido sólo por él. Coge la cartera de su bolso y mira la foto ya manida que tantas veces ha observado. “Pero que lindo que es”, piensa mientras sonríe.
“Marcelo”, las letras resuenan en su cabeza. Ella había decidido ponerle ese nombre porque le parecía dulce. Con esos ojos color miel y esa nariz y esa boquita tan pequeñita… Ya habrá crecido mucho, seguro que ya no se parece a la foto que tanto mira. Ya se le entiende cuando habla y la abuela dice que anda perfectamente.
Ahora está intentando traérselo a España, pero le han puesto problemas y tiene que volver a echar los papeles, tardan tanto… que no le va a ver crecer… “pero es por su futuro, por el mío, por una vida mejor”, piensa triste.
Ese fin de semana podrá viajar a Colombia durante dos semanas, no tenía pensado gastarse el dinero, “pero es que se va a pensar que no tiene madre”, y eso es lo que la impulsó a comprarse el billete de avión.
“Marcelo”… “Marcelo”… Resuena en su mente mientras su corazón, a más de 6.000 kilómetros de distancia, late con fuerza.
Día del libro por sorpresa
24/04/2007
- "Vamos 'lonmc', que yo me tengo que ira ha buscar información para un trabajo. Si quieres quédate, pero yo me voy ya".
Y es que me tenía que ir a la 'Fnac' y a 'La Casa del Libro' a buscar información sobre el cuadro de "El Grito" para un trabajo de Arte. (*Que por cierto, son una de las grandes ventajas de la capital, puedes ir a estas librerías a leerte el libro sin tener que comprártelo).
Primero voy a la 'Fnac, me meto en la sala de lectura y comienzo a coger notas. De pronto, suena por los altavoces una voz de mujer: "Señores clientes, con motivo del Día del Libro, hoy nuestra tienda estará abierta hasta las dos de la madrugada".
¡Es verdad, no me acordaba! ¡Qué potra, justo hoy que lo necesitaba! Termino tranquilamente, escucho un rato un concierto de hip-hop que hay en la planta baja y me voy a 'La Casa del Libro', que intuyo que también estará abierta.
Efectivamente. A medida que me voy acercando veo que hay una masa de gente agolpada en la puerta de entrada de la tienda, de la que sale una música de trompeta. La planta baja está repleta de gente que mira hacia la banda de música que está tocando 'Tequila'.
La gente aplaude y pide "Otra, otra, otra...". Rodeada de montañas de libros y mil títulos sugerentes que incitan a leerse todo lo que vende la tienda, sorprendida por el jolgorio e inundada por la música de la Big Band UCM -o algo así-, de pronto, me he visto envuelta por esta fiesta de la palabra.
Después de un buen rato salgo de la tienda, fuera, la gente está hacinada en puestos improvisados repletos de tomos.
Poco a poco me voy alejando, ya es hora de irse a casa, pero hoy con un buen sabor de boca.
Jugando con fuego (II)
23/04/2007
(...continuación...)
- “¿Comemos juntos?”
- … pues…
Llegaron al descansillo, ella se dio la vuelta para contestarle, para decirle que no, que no podía ser… que mejor era verse sólo en el trabajo, que… Y cuando giró, él ya estaba en el mismo escalón, mirándola. Levantó la mano, le toco el pelo y la besó. La estrujó junto a su cuerpo, le metió la mano por debajo de la blusa y se dejaron llevar por la pasión. Parecían dos adolescentes alocados, encendidos por un amor prohibido.
De pronto, se abre la puerta de las escaleras y allí, de pie, enmudecido, atónito, aparece Rubén…
...
Se despierta angustiada. Oscar está acostado a su lado observándola.
-“Tenemos que acabar con esto… He vuelto a soñar que Rubén nos pillaba…”, dice preocupada. “Estamos en la escalera, cuando la primera vez, y de pronto la puerta se abre y aparece él… Algo tenemos que hacer…”
- “Ya sabes lo que pienso sobre eso...”, le dice él. Y le suelta, “¡Cásate conmigo!”, y la besa.
Le suena el teléfono…
- “Eh…No… hoy tampoco voy a comer a casa… Si estoy liada con el trabajo…”
"Paris, je t'aime"
20/04/2007
Ayer fue la primera vez que fui a ver una película en versión original (subtitulada claro): "Paris, je t'aime". Me gustó mucho la película, y estar en una burbuja de sonidos franceses.
Una producción que consistía en 18 cortos realizados por 18 directores famosos distintos. Muy original. Algunos mejor que otros, la verdad que hay algunos un poco malos, pero sin duda 18 historias donde el amor era el ingrediente principal.
Soledad necesitada de amor, amor joven, 'no amor' -cuernos o divorcio-, amor a un hijo, amor ciego, amor estúpido, amor casual, amor a primera vista, amor sexual, amor olvidado, amor oxidado , amor equivocado, amor recuperado, amor a uno mismo. Amor necesitado de amor...
Muchos tipos de amor, muchos corazones... Pero una sola ciudad: Paris.
Situaciones donde este gran sentimiento humano es lo que rige nuestros pasos. Nos mueve y nos conmueve.
C'est l'amour...
El beso
19/04/2007
Cogió el libro que tantos veranos, cuando era niña se había leído. De él se deslizó hasta el suelo una foto... ¡ni se acordaba de esa foto! De pronto su cuerpo se hizo pequeñito otra vez y su mente voló hasta esa instantánea.
Estaban todos en el parque del pueblo jugando al escondite, era el juego favorito de todos. Pero aquel día había sido especial. Ismail y ella habían decidido esconderse juntos.
Ismail era de el Líbano, sus padres se habían venido a España porque el padre trabajaba aquí. Era mayor que ella, él, que se sentía un adulto, la protegía siempre y a ella le encantaba, se sentía especial.
Aquella tarde habían encontrado un lugar fantástico. Casi al final del parque había una casa en ruinas y se habían metido entre unas piedras que dejaban un pequeño hueco a modo de cueva. Nunca lo habían visto y estaban seguros de que allí nadie les encontraría.
Estuvieron en silencio un buen rato, pero como el tiempo pasaba y nadie les encontraba, se pusieron a hablar, balbuceaban cosa de niños y se reían. Y de pronto, Ismail le estampó un beso en los labios. ¡Era el primer beso que le daban! Sintió como si su barriga estuviera plagada de mariposas. Ella se rió nerviosa y le acercó otra vez los morros.
Aquel beso fue especial, fue el primero y quedó grabado para siempre en sus labios y en su memoria.
Después del verano Ismail le dijo que se marchaba al Líbano, su padre tenía que volver. ¡Se tenía que marchar para siempre! Ella pensaba que se iba a morir y lloró su marcha durante largas noches. Para ella había sido un mundo...
Jamás volvió a saber de él. No tenía su dirección ni sabía como se apellidaba ni nada. Y con el tiempo, todos sus recuerdos se habían quedado en el parque, en aquel beso...
Se tocó los labios, cogió la foto con nostalgia y la volvió a meter en el libro...
Demencia infinita
18/04/2007
"Es el principio del fin..."
La mente está aquejada de tantos pensamientos que revolotean como moscas cojoneras. Aunque haya silencio miles de voces atormentan las neuronas hasta que éstas sueltan chispas. Trato de cerrar los ojos y taparme los oídos, pero un pitido -como cuando uno sale de una discoteca donde han puesto la música demasiado alta- sigue persistiendo, y no me deja en paz.
La mente le da vueltas a la historia. Es decir, yo. Qué diré, cómo lo diré, cuando lo diré. Repito la conversación mil veces, la cambio, me pierdo, me vuelvo a perder. Comienzo de nuevo. La inquietud me llega hasta el estómago. Los nervios hacen que esté como encendida, un poco histérica. Un nerviosismo que trato de disimular con una sonrisa típica, pero mi gesto inconfundible de hacerme rulos en el pelo me delata, voy a dos manos cuando puedo y a una velocidad reveladora.
Ahora me lanzo. No, mejor ahora no. Primero pido consejo. Vuelvo a pedir consejo. Hablo, 'rehablo'. Pienso, 'repienso'. Cuando me decido no me cogen el teléfono. Cada vibración de alguien que me llama significa un escalofrío por el cuerpo. Uf! no es... menos mal... ¿o mejor que fuera y me lo quito de encima de una vez por todas?
"Sientes por dentro que todo se va..."
Aaaahhhhhhh!!! Estoy a punto de volverme loca... No, venga. Ya estoy decidida. No, en verdad no, pero no me queda otra. Me ha tocado y allá voy. Me tiro a la piscina.
Una, dos y tres...
Jugar con fuego
17/04/2007
Sonó el despertador. Le pareció que no había dormido nada pero no tenía más remedio, era lunes y tenía que ir a trabajar.
Se levantó de la cama, se duchó y empezó a vestirse. De pronto delante del armario... se muerde el labio y mira de reojo a su novio que está espatarrado en la cama resoplando. Ella sabe que está jugando con fuego, pero no lo puede remediar... le da tanto morbo...
"Mejor falda... y una blusa con los botones abiertos insinuando el escote... ¡¡Ay dios!!", piensa. Y sin pensarlo más, coge una falda sexy y una blusa. Antes de salir se pinta un poco. "No voy a ir con la cara lavada... pero tampoco te pongas como una puerta, vete natural...". El hecho de no haber descansado bien y de que sea lunes se le ha olvidado ya, ahora sólo piensa en ir al trabajo. "¡Pero qué ganas tengo de verle!", y enseguida tiene remordimientos.
Antes de entrar en la oficina se remira en el espejo del ascensor, se retoca el pelo y se vuelve a poner brillo en los labios. El gusanillo del estómago parece aumentar a medida que va llegando a la quinta planta.
Se sienta en su ordenador. La mañana se complica con miles de llamadas de teléfono y reuniones con unos cuantos clientes, pero eso no le impide echar miraditas de vez en cuando a la mesa de la esquina.
A mediodía el trabajo parece relajarse. Tiene un ratillo de descanso y aprovecha para bajar a la cafetería a tomarse un café. Está esperando el ascensor y de pronto, aparece él... El corazón le empieza a latir más rápido y el gusanillo le llega desde la garganta al estómago.
-"¿Que tal el fin de semana?", le pregunta él.
-"Corto... pero bien". (¿Le digo que he estado con Rubén en una casa rural?) "Aprovechando para descansar...". (Joder... no...)
-"Yo también. ¿Bajas a tomar un café, no? He visto que has tenido una mañana liada..."
-Sí. Este lunes ha empezado fuerte. (¡¿Se ha fijado?!)
Oscar le empezó a gustar hace tiempo, han estado con la tontería de las miraditas, un juego que empezó como eso: un juego, y ahora está al límite. Luego empezaron a hablar un poco más junto a los cafés de media mañana y le encantó más todavía… “Además, está…”, y en su mente la imagen de Rubén le hace sentirse fatal.
El ascensor que parecía que no llegaba nunca, abre sus puertas.
-“Bueno… ¿y que tal con Rubén?
-“Bien, como siempre”, pero no ha sonado muy convincente, así que añade. “Este fin de semana hemos estado en una casa rural en un pueblo muy bonito. Deberías ir, se llama Losilla, en Zamora”.
Oscar la observa, atentamente y ella se pone incómoda. Llegan a la cafetería, le suena el móvil. Es Rubén y no tiene ningunas ganas de cogérselo, “¿para qué me llamará ahora?”, piensa mientras intenta ocultar sus sentimientos al teléfono.
-“¿Si?”
-“Voy a tomar un café ahora… que he tenido una mañana liada”
-“Yo también… No, no voy a comer en casa… aha…”
-“Nada… Venga, un beso”
Todo ha sonado demasiado raro, Rubén se ha dado cuenta y Oscar también. Ella no sabe ni qué pensar, no sabe ni lo que siente. Está hecha un lío.
-“¿Todo bien?”
-“Sí, no te preocupes”, pero su cara no dice lo mismo. De pronto sus ojos se cruzan y un escalofrió recorre su cuerpo. La situación está tensa, así que ella se toma el café de un trago. “¿Subimos?”, le dice.
El ascensor está roto, así que les toca subir por las escaleras.
- “¿Comemos juntos?”, le pregunta Oscar.
- ...
Latina
16/04/2007
Este domingo se despertó un día precioso. Ni una nube en el cielo, y yo, que me tenía que leer un libro, me dije "¿Por qué leerlo en casa cuando te puedes ir a la Plaza del Humilladero, en La Latina, a leer al solito?". Y eso hice.
Cogí mis bártulos y allá que me fui. La plaza estaba relativamente llena, encontré un hueco donde sentarme en una esquinita en la que daba el sol y tenía pared para apoyarme. Perfecto.
Entre página y página, miraba a la gente. Me encanta. En La Latina ves de todo: rastas, gafas de sol de piloto, camisetas con mensajes republicanos, bongós, sandalias, faldas hippies, bicicletas, perros, pelucas, gorros… lo que quieras. Los domingueros de La Latina pasan este día tirados en la plaza cual lagartos cogiendo sol mientras beben cerveza y fuman porros. Así es este barrio de Madrid.
Me disponía a imbuirme en mi libro otra vez, cuando una joven se sentó a mi lado. No sé cómo empezó la conversación, pero ahí estábamos las dos charlando como si nos conociésemos de toda la vida.
-"Pues yo también soy canaria", me dijo. "Pero llevo fuera veinte años". Y es que los canarios vamos a invadir Madrid, y La Latina en concreto. Ayer no hacía más que escuchar a compatriotas por todas partes, inconfundiblemente se nos reconoce por el 'cloquío'.
Esta chica tenía un perro, 'Boss'. El animal estaba ansioso por conocer a todos los caninos del lugar y se ponía a dos patas como los perrillos de pradera para avistar mejor. Todo el mundo lo miraba y se echaba a reir.
-"Hoy no te puedo dejar suelto Boss, está la poli", y añade, "el pobre, él no entiende, jej". Efectivamente, allí estaba la poli vigilante de que nadie bebiera en la calle ni una gota de alcohol. Pero claro, todos los que habíamos ido allí soñábamos con tirarnos al sol con una cervecita fresquita, tan tranquilamente. Y sin embargo, la tarde se convirtió en un patio de colegio, todos intentando esconder la cerveza que la ambulante de todos los domingos nos había vendido a escondidas en la plaza. Al pobre que cogían con cualquier 'sustancia alcohólica' le fastidiaban el rato.
A mi izquierda, esta chica con la que no paré de hablar, que resulta que tiene una tienda de bikinis, que sólo la abre seis meses. El resto del año alquila el local, y ella, que se muere por el sol y el calor, se marcha a Argentina. ¡No está mal!
A mi derecha, un chico leyendo igual que yo, que al poco se va. En su lugar se sienta una pareja.
A izquierda y derecha se empiezan a hacer un porro. Complicado con la poli delante. Pero lo consiguen.
-"Me van a coger no por fumar porros, sino por gilipollas", dice la chica de mi izquierda que en un intento de que no la vean se lía el porro en el suelo y se lo fuma con una revista delante.
-"¿Pero desde cuando esto es así?", nos pregunta la chica de mi derecha, "los bongós y los porros son lo que le da vida a este barrio, ¡el que se viene a vivir aquí ya lo sabe!", exclama. Y es que resulta que tampoco se puede tocar música...
Las horas van pasando, y la plaza se va llenando cada vez más de los recién despertados de la resaca de la noche anterior. A media tarde la poli se va, y la cosa se anima.
La gente viene con bolsas y bocadillos. ¡Qué hambre! La chica de mi izquierda me cuenta que ella come sólo por las noches, por el día ni le entra hambre ni se acuerda de comer.
-"Por la noche me pego unos atracones que me dura para todo el día siguiente. Además, los porros me quitan el hambre". Se podría decir que se alimenta de porros, veinte al día, más o menos.
Como ya les digo, La Latina es un lugar peculiar. La joven se va. "Qué pena, pero bueno, así ya puedo leer", pienso. Pero me equivocaba. En su lugar, se sientan tres jóvenes, dos alemanes y uno de Bilbao. Que si qué lees, de donde eres, que haces... la típica conversación de desconocidos, y otra vez a parlotear.
Después de cuatro horas de despistes, sol y conversaciones con desconocidos, consigo terminarme el libro. Entonces, quedo con mi hermano para tomar mojitos "en el mejor lugar de La Latina. ¡Vamos a montarla!", me dice.
Y así hasta las diez de la noche. Un domingo muuuuy largo, un poco bohemio y muy divertido. El próximo tendré menos pereza cuando salga de mi casa, porque vamos, ¡yo repito!. Me encanta La Latina, me encanta ser latina.